Conviértete en médico/a y hazle una receta donde reflejes el síntoma (qué le pasa, por qué ha perdido la ilusión, cómo lo has notado), el tratamiento (qué debe hacer, escuchar, ver o sentir para recuperarla), la dosis (cuántas veces al día debe recordarlo o practicarlo)
La idea es que seamos conscientes de la importancia de mantener la ilusión en la vida, aprendiendo que todos podemos “curarla” con pequeñas acciones, actitudes o pensamientos positivos.
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